Gunn: superman y el burocratismo cósmico que le costó un cómic

James Gunn, con su habitual mezcla de respeto y crítica, ha saltado a la defensa de un creador que, a pesar de sus ambiciones, no logró conectar del todo con el público. Su reciente recomendación en redes sociales, un cómic de Alan Moore, ha desatado un debate sobre la construcción de la figura del autor y el papel de la burocracia en el mundo de los superhéroes.

El enigma de superman y la visión de gunn

Si bien Gunn ha reconocido el talento de Alan Moore y su capacidad para reimaginar personajes icónicos, como se aprecia en sus trabajos con Guardianes de la Galaxia, su visión de Superman reciente no le convenció del todo. Sin embargo, la recomendación del cómic Top 10, que Moore publicó en los 80, revela un problema más profundo: la obsesión por la imagen del creador y la dificultad para separar la obra del culto a la personalidad.

El problema, según Gunn, no reside en la calidad de la película, sino en la forma en que se ha construido la figura de Moore, como un caramelo brillante, un personaje público envuelto en un celofán excesivamente consciente de sí mismo. Una situación que, inevitablemente, ha afectado su criterio sobre una recomendación personal.

Top 10: realismo burocrático en el universo de moore

Top 10: realismo burocrático en el universo de moore

El cómic, una joya de la colección Grandes Novelas Gráficas de DC, es una obra que, a juicio de Gunn, merece una atención renovada. Top 10, de Moore y Gene Ha, nos presenta una Neópolis donde la vida cotidiana, la rutina, es tan burocrática como en nuestra propia sociedad, pero con una peculiaridad: los superpoderes no son la solución a los problemas, sino que se ven mitigados por la necesidad de cumplir con formularios y trámites administrativos.

Es una inversión audaz, una subversión del género superheroico que transforma la épica en un drama policial, donde los agentes de la comisaría 10, apodada con irónica precisión “Top 10”, se enfrentan a incidentes absurdamente cotidianos mientras intentan resolver conflictos interdimensionales. La estructura del drama policial se entrelaza con la épica, creando una experiencia de lectura sorprendentemente refrescante. No se trata de dioses salvando universos, sino de agentes que fichan, rellenan informes y discuten jurisdicciones interdimensionales, todo ello bajo la mirada de una burocracia implacable.

Moore, como señala Gunn, no inventa la idea de la burocracia, pero la lleva al extremo, revelando la lógica subyacente de su obra. Su crítica a las instituciones que controlan el relato del heroísmo, ejemplificada en las figuras de los Siete Centinelas, es especialmente punzante. Estos personajes no son héroes, sino productos diseñados y manipulados por una maquinaria corporativa que busca mantener el control de la percepción pública. Es un mordaz comentario sobre el heroísmo corporativo, una crítica a la construcción mediática del mito.

En definitiva, Top 10 es una obra que nos recuerda que la desigualdad no se elimina por la existencia de superpoderes, sino que se reorganiza, perpetuando los errores de nuestra propia sociedad. Una reflexión inquietante sobre la exclusión sistemática de quienes no encajan en los parámetros funcionales del mercado. La genialidad de Moore reside en convertir el mito en tediosa burocracia, en diluir la épica en formularios y turnos de noche. Es un experimento social disfrazado de ciudad, una alegoría directa de nuestro capitalismo contemporáneo.

Gunn concluye, con una nota de respeto y admiración, que, a pesar de las diferencias de opinión, la recomendación de Top 10 merece ser considerada. Y, tal vez, sea una invitación a reflexionar sobre la complejidad de la figura del creador y la importancia de separar la obra del culto a la personalidad. Un consejo que, en el vertiginoso mundo de los superhéroes, resulta más valioso que nunca.