Artemisa ii: el regreso humano a la luna, 53 años después
A las 00:35:12 del 2 de abril de 2026, la NASA ha vuelto a mirar hacia la Luna. Un lanzamiento impecable, casi quirúrgico, ha propulsado la misión Artemisa II, el primer viaje tripulado hacia nuestro satélite desde que Eugene Cernan, comandante del Apolo 17, pronunciara aquellas palabras que resonaron con una melancólica certeza: “Estoy en la superficie. Y, mientras doy el último paso del hombre desde la superficie, de vuelta a casa por algún tiempo…”.
Un trayecto libre, un legado de apolo
La trayectoria elegida para Artemisa II, una órbita libre alrededor de la Luna, evoca al Apolo 13, aunque por razones diametralmente opuestas. Mientras que la misión de Apolo 13 se vio obligada a recurrir a ella tras una explosión, en este caso es una decisión deliberada, un ingenioso truco para retornar a la Tierra sin depender del funcionamiento del módulo de servicio de la cápsula Orión. La gravedad, esa danza cósmica, se encargará de traer de vuelta a la nave en un viaje de diez días.
A bordo de Integrity, la cápsula bautizada para esta misión, cuatro astronautas se preparan para una semana y media de confinamiento en apenas nueve metros cúbicos. Son Reid Wiseman, el comandante y veterano de la Estación Espacial Internacional; Victor Glover, piloto naval y también con experiencia en la ISS; Christina Koch, ingeniera y poseedora del récord de la misión espacial más larga para una mujer; y Jeremy Hansen, el astronauta canadiense que rompe barreras al convertirse en la primera persona no estadounidense en abandonar la órbita baja terrestre.

Un equipo estelar, ausencias notables
Wiseman, Glover y Koch, cada uno con un currículum espacial que habla por sí solo, encabezan esta expedición. Hansen, por su parte, marca un hito para la Agencia Espacial Canadiense. Pero una pregunta flota en el aire: ¿por qué no hay astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA) a bordo, considerando que el módulo de servicio de Orión, el ESM, es una contribución europea fundamental? La promesa de plazas en la futura Estación Lunar Gateway, ahora cancelada, parece haber complicado las negociaciones.
El ESM, fabricado por Airbus para la ESA, es el corazón de Orión, proporcionando soporte vital, electricidad y la propulsión necesaria para alcanzar la órbita lunar y regresar a casa. Su ausencia a bordo de Artemisa II es un recordatorio de las complejas dinámicas geopolíticas que subyacen a la exploración espacial.
Pero no todo es geopolítica. Glover se convertirá en la primera persona de color en abandonar la órbita baja terrestre, y Koch, la primera mujer en aventurarse más allá de ella. Hansen, como ya se mencionó, es el primer no estadounidense en lograrlo. La lista de 'primeros' que Artemisa II está generando es tan extensa como la propia superficie lunar.
Con aproximadamente el 75% de la población mundial expectante, Artemisa II no es solo un hito en la exploración espacial; es un evento global que trasciende fronteras y culturas. Incluso para aquellos de nosotros que, como yo, no recordamos la época del programa Apolo, la sensación de ser testigos de un momento histórico es palpable. La misión Artemisa II no es un retorno al pasado, sino un salto hacia un futuro donde la Luna, una vez más, se convierte en el trampolín de la humanidad hacia las estrellas.