Aerotrastorno obsesivo: un fan devora cinco figuras por recrear el legado de kai tak
Hubert, un hombre consumido por la memoria de un aeropuerto olvidado, ha invertido más de diez años y una suma considerable en una maqueta a escala de 1:400 del emblemático Kai Tak de Hong Kong. Un proyecto tan peculiar como deslumbrante.

Un legado en miniatura: la obsesión de un fan por el aeropuerto que desapareció
La historia de Hubert es, en sí misma, una anécdota de aerotrastorno – esta extraña afición por los aeropuertos – que se alimenta de recuerdos y nostalgia. De niño, sus días se llenaban de vistas desde su casa al espectacular despegue y aterrizaje de los aviones en Kai Tak, un espacio que, para él, representaba algo más que una infraestructura: era un vínculo con su padre, también aficionado al tema.
Tras estudiar en Canadá, su regreso a Hong Kong en 2008, diez años después del cierre del aeropuerto, se vio marcado por la ausencia de ese lugar que tanto amaba. La transformación del espacio, ahora ocupado por carreteras y edificios, no hizo sino intensificar su deseo de preservar su memoria. La maqueta, meticulosamente construida y aumentada con modelos a escala 1:400, busca reunir cada uno de los aviones que alguna vez cruzaron sus pistas.
Según su esposa, la inversión supera los cinco dígitos en euros. Una cifra que, lejos de ser un gasto, se traduce en un acto de amor y una forma de mantener vivo el recuerdo de un lugar que, para Hubert, sigue siendo un espacio vital. Alvin, un «planespotter» con una conexión profunda con la historia del aeropuerto, ha colaborado en el proyecto, aportando datos de horarios de vuelos de la época y años de experiencia observando el tráfico aéreo.
La escena que se reproduce en el reportaje, una recreación del aeropuerto en 1998, requiere una precisión obsesiva. Hubert reconoce que, ante la ausencia de planos originales detallados, recurre a la reconstrucción manual, un ejercicio de 'tiquismiquis' que refleja su meticulosidad. “Si veo un elemento en la maqueta que no coincide con lo que he hecho, tengo que reconstruirlo, siguiendo los planos”, afirma con franqueza. El proyecto, iniciado como una forma de reconectar con su infancia y con su padre, se ha convertido en un tributo a una época que ya no existe, pero que sigue vivo en la mente de Hubert.
Más que una simple maqueta, es un testimonio de un amor incondicional y de una pasión que ha trascendido el tiempo y el espacio. Un recordatorio de que, a veces, los recuerdos más valiosos se conservan en las pequeñas cosas, en los detalles que nos conectan con nuestro pasado.
