cine

Culo y risas: 'cochinas' desata polémica con su españa de los 90

La España que se reía a escondidas, escapando a las palabras más primigenias, parece haber resurgido. Y lo hace con una serie como ‘Cochinas’, que, lejos de disculparse, abraza la vergüenza y la incomodidad de sus propias raíces.

Un juego arriesgado entre fantasía y reivindicación

Un juego arriesgado entre fantasía y reivindicación

La nueva propuesta de Prime Video, a pesar de las advertencias que anticipan su contenido, se atreve a explorar el deseo reprimido de las mujeres en la España de los 90, utilizando el porno como un dispositivo narrativo más lúdico que didáctico. No es una denuncia formal, pero sí un espejo distorsionado que refleja la opresión y la falta de opciones. Nines, interpretada con maestría por Malena Alterio, encarna esa nueva jefa de videoclub que, tras la crisis familiar, decide apostar por el placer femenino, convirtiendo su negocio en un refugio para mujeres que anhelan recuperar el control de su sexualidad.

La serie se exacerba en sus licencias creativas, distorsionando la realidad para crear un universo de fantasías donde la masturbación y el deseo son celebrados abiertamente. No se trata de un documental, sino de un “What if” retroactivo, una reinterpretación de la sociedad española de la época, un ejercicio de liberación sexual disfrazado de comedia. Es un marco sarcástico que permite examinar la situación de las mujeres, sometidas no solo físicamente, sino también mental y emocionalmente a una estructura que las alejaba del placer.

Si bien la serie no busca ser incendiaria, sí que genera debate. Su tratamiento natural y sin prejuicios del cuerpo, la representación de minorías y la exploración de las disparidades sexuales son sus mayores aciertos. La fotografía, discreta y sin artificios, muestra la realidad tal como era, en un contexto donde el audiovisual aún se aferra a la estética normativa. Prime Video ha logrado crear un producto con una identidad fuerte y diferenciadora, fácil de exportar, con un toque provocador que genera conversación sin grandes rechazos.

‘Cochinas’ se consume como palomitas, perdiendo fuelle rápidamente. Su sencillez aparente, su construcción sólida y su interpretación impecable no compensan la repetición de dinámicas y la falta de profundidad temática. El impacto inicial, impulsado por la premisa, se diluye con el paso de los episodios. Es un patrón que recuerda a ‘Hysteria’ (2011), con su enfoque en la sexualidad femenina desde el humor histórico, pero sin la misma sutileza. Pero, paradójicamente, es precisamente esa falta de pretensiones lo que la convierte en algo tan divertido y, en cierto modo, necesario. Una serie que te permite despojarse de cualquier pudor anacrónico y, al mismo tiempo, desprenderte de cualquier reflexión moral sobre la industria del porno. Su reivindicación y su reflexión están ahí, pero nunca son el centro. Son el decorado, el punto de partida desde el que construir una historia sencilla y natural, pero, sobre todo, fácil de digerir dada la intensa riesgo de la propuesta.

Valoración: 70/100. ‘Cochinas’ arranca con una energía contagiosa, apoyada en la novedad de su premisa, pero pierde fuerza cuando deja de serlo. Aún así, ofrece debate y entretenimiento retratando con comedia y naturalidad la sexualidad femenina en España. Lo mejor: su tratamiento del cuerpo y su capacidad para distorsionar el pasado para reírse del presente. Lo peor: su superficialidad temática y la repetición de dinámicas.