Hashima: la ciudad fantasma que mitsubishi abandonó a su suerte
Hace 139 años, el carbón impulsó el mundo. Ahora, la isla de Hashima, un espectro en el mar de China, nos recuerda una era de ambición desmedida y olvido. Lo que fue un enclave minero de Mitsubishi, hoy es una ciudad fantasma, un testimonio escalofriante de una promesa rota.

Una mina submarina con aspiraciones urbanísticas
En 1887, el descubrimiento de carbón bajo el lecho marino atrajo a Mitsubishi a la isla, ubicada a 15 kilómetros de Japón. No se limitaron a extraer el mineral. La compañía construyó una ciudad completa en la superficie: hospital, colegio, tiendas, cine, incluso una piscina. La idea, quizás, era crear un polo de desarrollo industrial autosuficiente. Pero la escasez de espacio impidió la circulación de automóviles, una peculiaridad que, paradójicamente, dejó a la isla con una infraestructura más completa que muchas ciudades de la época.
Pero la prosperidad no llegó a sus habitantes. 5.259 personas, incluyendo trabajadores coreanos y prisioneros de guerra chinos, sufrieron condiciones inhumanas. La minería a 1.000 metros bajo el agua, con una humedad del 95% y temperaturas que superaban los 30 grados, exigía un esfuerzo extremo. El hambre y las palizas se cobraron hasta 1.300 vidas.
Con el auge del petróleo en los años 60, el carbón perdió su atractivo. Mitsubishi abandonó Hashima, ofreciendo a los trabajadores puestos en tierra firme. La oferta fue insuficiente, y la mayoría optó por abandonar la isla. La partida masiva dejó la ciudad congelada en el tiempo, un recordatorio palpable de las consecuencias de la codicia y la falta de planificación.
Hoy, Hashima es un imán para el
